Talento, estrategia y emprendimiento

Escribe: Doctora Elena Maisch

En la realidad, en nuestra propia experiencia, en la casuística local e internacional, en las revistas de negocios, en la internet y hasta en medios escritos se ha formulado una pregunta clave: ¿Por qué algunos negocios que nacieron de pequeños emprendimientos tienen éxito y porque otros con inversiones más altas están destinados al fracaso casi desde el comienzo?

El abordaje de las posibles causas viene desde dos poderosas perspectivas ampliamente conocidas: la financiera con sus recursos y la humana con los suyos. El que ambos recursos sean necesarios para comenzar un emprendimiento de cualquier tamaño o modalidad es algo que hemos sabido siempre.

Pero lo que determina el éxito o fracaso de un emprendimiento no es sólo que sepamos esta verdad de perogrullo, sino como hacemos para combinarlas en dirección al éxito y no al fracaso y menos aún que este último ocurra pronto porque nos dejaría totalmente desarmados.  Sabemos que las situaciones de riesgo siempre están presentes en el lanzamiento de un nuevo negocio o proyecto de inversión.

Comencemos aclarando que entendemos por emprendimiento, cualquier proyecto ya sea iniciado en forma independiente o dependiente, la característica fundamental es que sea nuevo, que necesite de una inversión inicial por más pequeña que sea y que utilice cualquier formato físico, digital o ambos como suele suceder hoy en día.

La prestigiosa revista Forbes en su artículo titulado ‘Entrepreneur’ o ‘intrapreneur’ (2013) versión digital en español, nos habla de dos tipos de emprendedores:  El entrepreneur o el intrapreneur son aquellos que  identifican las oportunidades, cuantifican los riesgos y ponen en marcha las acciones de una manera creativa e innovadora: la diferencia es que uno lo hace en un ambiente externo; el otro, bajo el paraguas de una organización.

El emprendimiento entonces puede adoptar cualquiera de estas dos formas y no sólo la forma del negocio independiente. Lo ideal es que las dos se usen para que no sólo se beneficien con nuevos emprendimientos las organizaciones sólidas y consolidadas, sino que se creen nuevos en forma independiente para que contribuyan a la generación de nuevos negocios y empleos y al crecimiento de la economía.

El concepto señala tres hitos clave: identificar las oportunidades, cuantificar los riesgos y poner en marcha las acciones de una manera creativa e innovadora.

Si seguimos ese orden, el identificar las oportunidades es un tema que va a recaer antes que en lo financiero en la persona o grupo que visualiza la oportunidad. Visualizar la oportunidad no es un sueño, es verla en el sentido literal, captarla, identificarla, investigarla con información y conocimiento. No basta solo la información, hay que llegar al conocimiento es decir transformar la información de la oportunidad en algo racional utilizando varias fuentes cruzadas: observaciones, relatos, casos, experiencias propias o de otros, preguntar a los que saben incluyendo a los que saben por ciencia y por experiencia.

Este proceso no debe tomar tanto tiempo la cosa es hacerlo con intensidad, si lo hacemos de esta forma nos daremos cuenta de que la oportunidad es real, ya que la estamos sometiendo a un ejercicio mental para probar que no es una ilusión. Aquí comienza el enlace entre el conocimiento de la oportunidad y la convicción. La convicción se constituye en el nervio emocional que brota del conocimiento racional de la oportunidad y solo viene si es que lo racional actúo en forma completa y a profundidad.

Algunos sin agotar el análisis racional mueven el nervio emocional muy pronto, se convencen muy rápido sin tener las suficientes evidencias racionales. Primero es la razón, si la razón se robustece, la convicción que es la parte emocional de la persona se llena de firmeza y seguridad para emprender lo nuevo.

En la cuantificación de los riesgos interviene nuevamente la parte racional y emocional, aquí la labor se va a concentrar sobre todo en el recurso financiero que tendríamos que emplear para el emprendimiento. El recurso financiero como aseguran los economistas es a veces escaso o difícil de conseguir y está sujeto al riesgo de perderlo sino lo invertimos bien, haciendo una inversión fallida con consecuencias indeseables para todos.

Es por ello qué aquí aparece el tema de la estrategia.  Se cumplió el análisis de la oportunidad utilizando lo racional y lo emocional, se calculó con proyecciones financieras el costo-beneficio de invertir en esa oportunidad de negocio y a partir de allí vendría la decisión más importante: poner en marcha el emprendimiento. Para ello necesitaremos una fórmula importante que nos asegure con más evidencia y certidumbre el resultado de éxito del emprendimiento y ésta es la estrategia. Siempre hemos estado profundamente convencidos que la estrategia es una fórmula diseñada para tener éxito basada en el análisis del entorno en donde vamos a trabajar el emprendimiento

Al respecto Porter, el autor de la cadena de valor y de las cinco fuerzas competitivas nos dice en una entrevista realizada en el 2010, que la estrategia es hacer algo distinto y diferente que de formule una propuesta de valor y fundamentalmente que genere rentabilidad.  Claramente se puede derivar que para que una estrategia tenga éxito lo primero es encontrar eso distinto y diferente para el emprendimiento que queramos hacer, que tenga la suficiente diferenciación, propuesta de valor, que nos aleje del riesgo del fracaso y que nos acerque al resultado financiero de la rentabilidad.

Si la oportunidad del emprendimiento ya pasó por las fases de análisis de la oportunidad y del riesgo, la estrategia le dará más enfoque, fuerza y aplicabilidad porque confirma los análisis iniciales y nos brinda los elementos de convicción necesarios para que el emprendimiento tenga éxito. La estrategia no se queda en palabras, sino que a partir de ella plantearemos los objetivos y las actividades para la puesta en marcha del emprendimiento.

Aquí es el momento de encajar el tema del talento, para que la estrategia que es más declarativa se pueda llevar a la acción y arranquemos el emprendimiento con dirección al éxito. El talento según el modelo de Jericó (2002, 2012) tiene tres componentes: capacidades, acción y compromiso. Al talento lo necesitaremos desde los inicios del emprendimiento en la oportunidad, en la evaluación del riesgo y en la definición de la estrategia para ponerlo en marcha.

Necesitamos su capacidad de análisis para valorar la oportunidad y el riesgo, necesitamos su acción y su compromiso para gestionar el emprendimiento durante toda su evolución y resultados. El talento es el recurso humano que necesitamos en todos los hitos del emprendimiento ya que su compromiso apunta a conseguir resultados de éxito en base a que tiene las capacidades necesarias y se compromete a ejecutar las actividades estratégicas.    

La conclusión entonces sería como sigue: Para efectuar un emprendimiento necesitaremos un talento que analice la oportunidad, evalúe y controle los riesgos, formule la estrategia de éxito y la ponga en acción con resultados ganadores.

Estamos en una economía del conocimiento que nos enseña que los valores intangibles están basados no en lo físico sino en lo intangible, es decir en emprendimientos que nos ofrezcan algo nuevo, diferente, valioso pero no necesariamente costoso y que esta oferta diferente genere efectos de espectro más amplio como incremento y calidad de inversiones, ampliación y diversificación de mercados, crecimiento económico y generación de nuevas oportunidades de trabajo.

La siguiente y última conclusión que podemos extraer de lo comentado en este artículo es que el componente emocional fortalece al racional en el emprendimiento. Si estamos en un entorno difícil, complicado, crítico en que pueden haber varias fuerzas contrarias, la idea del emprendimiento es que pueden haber oportunidades en el entorno complicado y seguir adelante a pesar de las fuerzas contrarias porque si no estas ganan y nos dejarían más desarmados que nunca, lo que no puede suceder bajo ninguna circunstancia.

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